De profesión Arquitecto por la UNA, Asunción 1974.
Nacido en Enero 15, 1945 en Asunción, Paraguay.
Hijo de José Rubiani Vitacca y Rufina Mosqueira González.
 
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Artículos Editados
El poder y la gloria
Definitivamente todo cambia entre los años en que se ambiciona el poder desde abajo, como una utopía, como un sueño, hasta que se accede a él. Es como cuando termina el ”hambre de triunfo” que se atribuye a los que alcanzaron la gloria en el deporte... y
Publicado en ABC Color, Asunción.

Pero por lo visto, ninguno de los que disfrutan del devaneo en las alturas se percata del fenómeno. Y si lo hace, cree que el problema se remite a hacerse de mas dinero y otros recursos con los que termina ahondando la brecha entre lo soñado y la desoladora verificación de la propia incapacidad.
Debería tenerse en cuenta sin embargo, que el Poder es el ejercicio de la voluntad. Tiene poder quien hace lo que quiere. Y para el gobierno, la democracia inviste de poder a alguien que -se presume- tiene prestigio, saber, capacidad o inteligencia. Alguna cualidad que puede hacer que su voluntad sea respetada y obedecida. Como lo era antes por otros conductos: el temor y los perversos mecanismos utilizados para provocarlo.
Finalmente, el Gobierno es la voluntad organizada para beneficio del pueblo. Es hacer lo conveniente para todos. O para la mayoría. Si no es así, el gobierno hace visible su ineficacia. En contrapartida, ejercer oposición es no hacer o, directamente, no dejar hacer. Si cumple este objetivo, resalta su protagonismo y su importancia. De la contradicción se nutre la acción de los partidos. De este absurdo se pretende la democracia. Que el gobierno se frustre no haciendo. Que la oposición triunfe no dejando hacer. Y que todos suframos las consecuencias de esta terrible tragedia.

¿Y quiénes somos todos? El PUEBLO. No sólo los pobres; aunque es cierto que ellos son gran mayoría. Y reclaman y merecen mayores atenciones. Los Colorados -que fabricaron una inmensa legión de pobres y una buena cantidad de privilegiados- encuentran hoy los defectos en los que se sumergieron por décadas enteras siendo gobierno. La oposición de ayer, hoy gobierno, proclama su sensibilidad por los pobres pretendiendo excusar la ausencia de planes para combatir, disminuir o eliminar la pobreza. Para que en las próximas campañas electorales escuchemos -de seguro- la insoportable letanía de mutuas acusaciones y las mismas excusas por la inacción de siempre.
Debería comprenderse alguna vez que se gobierna -de verdad- para el pueblo: para hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, profesionales, empresarios y obreros. Para los buenos y los no tanto. Hasta para los malos. Porque el gobierno es también para aquellos que cayeron en el vicio y la delincuencia; y debiera ser un pedestal en el que todos encuentren una mano tendida para subir
-aunque mas no sea- un peldaño desde la miseria o el fango en que se ahogan.
La pobreza es un pecado casi original, aunque en algún momento de nuestra historia y aunque pobres, en el Paraguay no faltó el pan ni el techo, la solidaridad ni la esperanza. Sería fácil demostrar cuando terminó aquel estado de gracia. Hoy quedaron sólo las culpas. Muchas, repartidas entre hombres, gremios y partidos. Una buena porción de esas culpas sería de los que tuvieron la oportunidad de hacer lo correcto y no lo hicieron. Que asumieron responsabilidades y se omitieron de honrarlas. Que convirtieron a los pobres en ignorantes y resentidos. Que les mintieron y frustraron sus esperanzas. Que los sumergieron en los prejuicios y la incompetencia por la falta de oportunidades, de educación y trabajo.

Por lo que el gobierno de hoy junto al resto de la sociedad, deben rectificar el rumbo ocupándose decididamente de afrontar los devastadores efectos de la pobreza. Porque nadie de nosotros tendrá lo suficiente si hay hermanos que no tienen nada. Nadie tendrá un gobierno decente y eficaz mientras haya un compatriota que se obligue a vender su voto o canjearlo por la promesa de un trabajo. Nadie estará libre de la violencia si hay hermanos que miran desde el fondo de la desesperación, el despilfarro y la frivolidad de los irresponsables. Y ninguno de nosotros, paraguayos con casa y comida, con hijos sanos y educados, ninguno, será completamente libre, ni próspero, ni feliz, mientras nuestros compatriotas mas pobres no atisben la posibilidad de tiempos mejores. Debemos refundar la República con un gobierno decente y patriota que combata la pobreza y que no la profesionalice, financiando la picardía o subsidiando la holgazanería. Puede que la sociedad no sea tan igualitaria ni solidaria como se desea. Pero la mirada desde el gobierno no debe fomentar las diferencias, reduciendo la magnitud de los problemas o simplificando sus consecuencias con clasificaciones sectarias o prejuicios arbitrarios.
Este gobierno todavía puede evitarse "el mareo de las alturas" y ejercer el poder con gloria.
 
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